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Edición nº26 | Jueves, 26 de febrero de 2015  |  Hemeroteca
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ACTUALIDAD
SEGÚN LOS PSIQUIATRAS Y PSICÓLOGOS CLÍNICOS DE HM HOSPITALES
No se debe confundir a un niño inquieto con uno con TDAH
La diferencia fundamental es que el menor nervioso no presenta un malestar psicológico significativo ni dificultades sociales y académicas

Redacción. Madrid
Los especialistas del Servicio de Psiquiatría y Psicología Clínica de HM Hospitales han alertado de que, en la actualidad, los profesionales atienden en las consultas a menores cuyos padres piensan que pueden tener TDAH cuando, simplemente, son niños inquietos o nerviosos y solo necesitan unas pautas de educación.

Especialistas de Psiquiatría y Psicología Clínica de HM Hospitales

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Según ha recordado el jefe del Servicio de Psiquiatría, Luis Caballero, el TDAH es un trastorno que se caracteriza por síntomas de inatención, hiperactividad motriz, impulsividad y que suele empezar en la edad escolar, aunque no hay un patrón homogéneo de los síntomas. Por ejemplo, “puede existir una falta de atención pero no una hiperactividad motriz”. Para el diagnóstico de TDAH, los síntomas deben darse en todos los ámbitos del niño, tanto en casa como en el colegio, y provocar un malestar psicológico, dificultades para la adaptación social y afectar al rendimiento académico.

Sin embargo, el niño inquieto o nervioso “no presenta dificultades en ninguno de estos ámbitos, se relaciona bien con los demás y también en el entorno familiar”, señala Caballero. La diferencia principal es que “no presenta un malestar psicológico significativo".

El TDAH suele detectarse entre los siete y diez años porque es cuando empiezan a apreciarse las dificultades adaptativas y de rendimiento escolar del niño, indica Caballero. En la edad preescolar lo más manifiesto del TDAH son los problemas de conducta; en la adolescencia, la pérdida de estima personal y desajuste social, que se unen el consumo de drogas, alcohol e incluso problemas legales.

“Una vez realizado el diagnóstico correcto y preciso, se indica un tratamiento personal e individualizado teniendo en cuenta las características del niño, su entorno familiar, social y escolar”, comenta, añadiendo que los tratamientos combinados (abordaje psicoterapéutico individual y grupal, y terapia farmacológica) “son los que tienen mejores resultados".

Los padres pueden necesitar apoyo psicológico

Por otro lado, el especialista considera que el contexto familiar “es fundamental para cualquier niño y adolescentes, y en pacientes con TDAH, la importancia es todavía mayor”. El estilo educativo adecuado es aquel que asocia una disciplina clara y consistente con una afectividad positiva.

Los menores con TDAH precisan de la guía y el apoyo de sus padres, pero responder adecuadamente a las necesidades, a la vez que manejar el estrés y la frustración que este trastorno produce en el entorno familiar, puede suponer un reto lleno de dificultades. En muchas ocasiones “resulta imprescindible el apoyo y orientación a los padres por parte de un profesional especializado”.

 

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