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Edición nº4 | Jueves, 13 de diciembre de 2012  |  Hemeroteca
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ENTREVISTA
PEDIATRA DEL HOSPITAL INFANTIL UNIVERSITARIO LA PAZ DE MADRID
Dr. José Casas: “Ser hiperactivo o tener déficit de atención no es malo;
son chavales divertidísimos y emocionantes”
Este especialista en Medicina de la Adolescencia desmiente falsos mitos del trastorno, como que afecte más a las niñas o que se cure ‘con dos tortas’

El Dr. Casas Rivero es pediatra especialista en Medicina
de la Adolescencia del Hospital Infantil La Paz de Madrid.

Eva Fariña / Imagen: Diego S. Villasante. Madrid
José Casas Rivero es pediatra especialista en Medicina de la Adolescencia del Hospital Infantil Universitario La Paz de Madrid. Tiene una gran experiencia con jóvenes que tienen el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH). En su opinión, “ser hiperactivo o tener déficit de atención no es malo; son chavales divertidísimos y emocionantes”.

¿Cuál es el papel del pediatra en la detección del TDAH?

Los pediatras estamos en una posición ideal para detectar el TDAH, como muchas otras patologías de la infancia. Conocemos a los niños desde que nacen hasta que pasan a la Medicina de adultos. El hecho de poder detectar de la forma más precoz posible una patología va a posibilitar que les podamos tratar más adecuadamente, por lo que el pronóstico y la evolución de estos niños será muchísimo mejor. Los pediatras estamos en una posición privilegiada para poder detectar todo este tipo de trastornos.

¿En concreto, cómo es el abordaje del adolescente, que es su especialidad?

Es diferente, sobre todo cuando no se ha diagnosticado previamente. Muchas veces van de fracaso en fracaso, y, en la época de la adolescencia, el pediatra deja de tenerlos a su cargo, la medicina oficial acaba a los 14, y los médicos de adulto, muchas veces no están a gusto con este tipo de pacientes, y los pediatras tampoco están a gusto con los adolescentes. No hay suficiente gente entrenada para poderlos manejar de forma adecuada, con lo cual, el rechazo de estos pacientes a cualquier profesional suele ser bastante grande, puesto que no se les sabe tratar, entrevistar ni calmar sus miedos, sus ansiedades o, muchas veces, sus borderías en la consulta. Estos chicos no suelen ser fáciles de manejar. 01.55 Los pacientes con TDAH, cuando no han sido diagnosticados, nos llegan a veces con complicaciones ya secundarias a su TDAH, como abuso de tóxicos, fracaso escolar o problemas en la convivencia familiar. Todo este mare magnum de síntomas hace que resulte más complicado llegar al diagnóstico.

“Los pediatras estamos en una posición ideal para detectar tanto el TDAH como otras patologías infantiles”.

¿De qué manera debe dirigirse al adolescente? El trato es diferente al que se tiene con un niño o con un adulto, ¿no?

Tienes que estar preparado para adecuarte a la época madurativa del paciente. No es lo mismo un chaval de 12 años, que esté empezando la adolescencia, que uno de 14 u otro de 18. Las perspectivas son distintas, y tanto su capacidad cognitiva como su maduración cerebral son completamente diferentes.

¿Cómo es el lenguaje que usted emplea para dirigirse a los adolescentes? ¿De qué manera se acerca a ellos para intentar conocer sus costumbres?

Eso es el arte de la Medicina, la parte más bonita. A veces es muy difícil conseguir entrevistar a un adolescente, porque en muchas ocasiones no vienen, sino que les traen forzados sus padres porque están preocupados por algo que a lo mejor el adolescente no reconoce. El chico llega a la consulta enfadado, rabioso, y tenemos que ganarnos su confianza. Le cuesta una barbaridad hablar de su vida, sobre todo de temas secretos, como pueden ser el consumo de tóxicos o las relaciones sexuales. Muchas veces, en la consulta, cuando entrevistamos a solas al adolescente, es la primera vez que ese chaval de 15 o 16 años es tratado como un ser individual de igual a igual, y no como un niño, y se le reconocen sus preocupaciones, sus agobios y sus miedos al futuro o al pasado.

¿Cómo es el primer contacto? ¿Están los padres presentes o es a solas?

Independientemente de la patología que tengan, normalmente vemos al paciente con sus padres. De esta forma, los padres nos cuentan lo que les preocupa. Además, investigamos cómo ha sido el pasado y cómo es la relación familiar. En muchas ocasiones, el lenguaje no verbal nos ayuda más que lo que nos están contando. Es importante que el adolescente vea y comprenda que sus padres están preocupados por una serie de motivos. Posteriormente, hablamos a solas con el paciente, preservando el secreto de lo que nos cuente.

¿En estas edades se ven más las consecuencias que los síntomas?

Muchas veces es así.

“No es verdad que el TDAH afecte más a los niños que a las niñas, eso es un ‘bluf’”.

Se dice que el trastorno del TDAH afecta más a los niños que a las niñas. ¿Ocurre lo mismo entre los adolescentes?

Eso es un ‘bluf’. Los niños son más brutos, se mueven más y molestan. Las niñas son más listas, disimulan mejor y son menos impulsivas, en general, por lo que pasan más desapercibidas. En los casos extremos ambos sexos son iguales. Además, la asociación de hiperactividad y déficit de atención con otras patologías es altísima.

¿Qué labor de formación hacen con los jóvenes y con sus padres?

Cada vez tienen más información, lo cual ayuda. Cuando diagnosticamos a un adolescente, en muchas ocasiones nos dicen que hay otro familiar igual. La formación en el manejo de estos chavales es uno de los pilares del tratamiento, aparte del farmacológico, psicológico o psicopedagógico. Otro gran pilar es que los padres sepan manejar a estos pacientes. Un adolescente recibe alrededor de 30 órdenes por hora, de las cuales es capaz de cumplir el 50 por ciento. Los niños o adolescentes hiperactivos reciben hasta tres o cuatro veces más este número de órdenes, de las cuales solo son capaces de cumplir el 20 por ciento. Por tanto, la sensación de fracaso, de frustración y de rabia del niño y de sus padres es brutal. Tenemos que educar a los padres para que den una sola orden a la vez, y muy despacito, porque con un poco de suerte la cumplirá. La educación se basa en cómo distribuir el trabajo, cómo poner los límites, cómo premiar y realzar lo que el niño o adolescente es capaz de hacer bien. A todos nos gusta que nos digan lo bien que hemos hecho un trabajo.

A veces hay reticencias en los padres para dar tratamiento farmacológico a los niños más pequeños. ¿También las hay en los adolescentes?

Básicamente son las mismas. En algunas ocasiones lo ven con alivio, cuando las familias están en una situación límite porque los adolescentes tienen asociados otros tipos de problemas, como trastornos de la personalidad o son oposicionistas desafiantes.

¿Cuáles son las consecuencias en el caso de los niños que no están siendo tratados o no lo están de forma adecuada?

Si un niño hiperactivo necesita tratamiento, cuanto antes lo tratemos, mejor será su evolución. Es algo que los estudios ya han demostrado. Si estos chicos están bien tratados, su comportamiento y desarrollo serán similares al del resto de adolescentes. En los chicos que no son tratados, se multiplica por cinco la probabilidad de meterse en líos, de abusar de las drogas o el alcohol, etc.

“Si un niño hiperactivo necesita tratamiento, cuanto antes lo tratemos, mejor será su evolución”.

¿Por qué una persona con TDAH puede llegar a tener problemas tan graves como la adicción a las drogas? ¿Por qué tiene ciertos comportamientos de riesgo?

Porque no tienen el control de la inhibición de lo que les gustaría hacer. Estos chicos no miden las consecuencias, son muy impulsivos. Es muy divertido experimentar con todo, y es algo normal en la adolescencia. La cuestión es que si no miden el peligro, se pueden meter en líos.

¿No perciben el riesgo o lo ven, pero no les importa?

Las dos mezcladas. En la adolescencia es normal, hasta cierto punto, debido a la evolución de la maduración del cerebro. Asumen riesgos porque no los piensan, o porque les dan igual.

En la época infantil es fundamental el papel de los profesores. ¿Qué ocurre con los educadores de los adolescentes?, ¿es necesario formarles?

Claro, pero es más difícil, porque no hay un solo tutor, sino varios. Dejan de ser maestros y educadores para ser transmisores de conocimientos. El papel del educador-maestro como referencia se ha perdido, desgraciadamente.

¿Hay escalas para tratar a los adolescentes, así como a sus familiares y educadores?

Sí, utilizamos las escalas, nos sirven de apoyo, pero no son excluyentes. El diagnóstico es clínico. Al igual que en el resto de la Medicina, la historia clínica resulta básica.

¿En qué consiste el tratamiento, una vez diagnosticado el trastorno?

El tratamiento es básicamente igual al de los niños pequeños. Tenemos varios pilares, por una parte, el farmacológico, en el que afortunadamente cada vez tenemos un abanico mayor de medicinas que podemos utilizar. Por otra parte, hay también tratamiento familiar, escolar, psicopedagógico, psicológico, y, en determinados casos severos, podría hacer falta un tratamiento psiquiátrico.

“Para tratar el TDAH disponemos de tratamiento familiar, escolar, psicopedagógico, psicológico y en determinados casos severos, también un tratamiento psiquiátrico”.

¿En España, qué profesional sanitario es el responsable del tratamiento del niño con TDAH?

Da un poco igual que sean los psiquiatras, los neurólogos o los pediatras. Debe ser quien sepa hacerlo. Es una enfermedad en la que los neurotransmisores están alterados, pero con unas manifestaciones en el comportamiento que pueden ser tratadas por el pediatra, el psiquiatra, el neurólogo o quien esté habituado, le guste o lo sepa hacer.

Ya nos ha desmentido el mito de que el trastorno afecta más a los niños que a las niñas. ¿Hay más falsas creencias?

En algunas ocasiones escuchamos frases como “esto se cura con dos tortas, a mí me las daban de pequeño y fíjese usted qué bien he salido”. La sociedad ha cambiado y si antes estas situaciones se controlaban con dos tortas de pequeño, ahora hay otras muchas alternativas. Antes había una bicicleta para todos los hermanos, si es que la había. Ahora cada niño tiene su bicicleta, su patinete, la Wii... Por tanto, la capacidad de dispersión es brutal.

¿Qué mensaje se podría enviar a los chicos y a sus padres? ¿Qué consejos les daría?

Ser hiperactivo o tener déficit de atención no es necesariamente malo. De hecho, son chavales divertidísimos y emocionantes. Posiblemente, para muchas profesiones sea bueno, porque son chicos tremendamente creativos e imaginativos. Muchas veces dan soluciones y tienen una visión distinta a la que tienen los demás. No es malo ser hiperactivo, al contrario, se atreven con cosas que otros no se atreverían y se ilusionan con cosas que a otros no ilusionarían. Muchas veces no temen al fracaso, y si fracasan, vuelven a empezar. Grandes artistas, empresarios o emprendedores eran así.

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