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Edición nº33 | Jueves, 22 de octubre de 2015  |  Hemeroteca
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EN EL COLEGIO
CONSEJOS DE LA PEDAGOGA ISABEL ORJALES
Intervención psicoeducativa en Primaria para afrontar la Secundaria
Los alumnos con TDAH necesitan un programa de reeducación individualizado para superar con éxito la educación obligatoria

Redacción. Madrid
Los niños con TDAH no solo son capaces de terminar la Educación Primaria, sino de acabarla con unas condiciones cognitivas y emocionales aceptables para comenzar la Secundaria y construir la base que posibilita que accedan al Bachillerato. Eso sí, Isabel Orjales, doctora en Pedagogía y profesora de Psicología de la UNED, recuerda que para lograrlo necesitan un programa de reeducación adaptado a sus necesidades individuales que les permita llegar en las mejores circunstancias.

¿Por qué es recomendable una intervención psicoeducativa en Primaria para que los alumnos con TDAH afronten con posibilidades la Secundaria?

No diría que es recomendable, diría que es imprescindible. Eso sí, diseñada de forma individual, según las necesidades y edad de desarrollo de cada alumno. El TDAH pone la zancadilla al aprendizaje porque genera lagunas en la formación; estilos de aprendizaje impulsivo, desorganizados y poco productivos (que, si no se hace algo, se van consolidando durante toda primaria), estrés por el esfuerzo de dedicación extra; rechazo a los aprendizajes; y un gran sentimiento de pobre autoeficacia y baja autoestima, además de una gran tensión en las relaciones familiares.

Por lo tanto, al igual que los niños con dislexia necesitan un programa individual específico para entrenar sus déficits en lectura, además de ciertas adaptaciones para el trabajo en el aula y los deberes, los niños con TDAH necesitan un programa de reeducación adaptado a sus necesidades individuales que les permita llegar en las condiciones más idóneas posibles a la Educación Secundaria Obligatoria (ESO), además de las adaptaciones ahora reconocidas por el ministerio. Porque se puede terminar Primaria, pero también se puede terminar en condiciones comportamentales, cognitivas y emocionales aceptables para comenzar la ESO y construir la base que posibilita el Bachillerato.

¿Es preocupante la cantidad de escolares con dificultades para acabar la Secundaria?

Sin duda alguna, y no solo respecto a los que tienen TDAH. Muchos niños con TDAH llegan a la ESO gracias a una gran cobertura familiar, muchas horas de dedicación (de ellos mismos y de las familias), con los aprendizajes sostenidos con pinzas, procedimientos de trabajo todavía muy impulsivos y desorganizados, escasa autonomía en el estudio, muy baja autoestima, rechazo visceral a algunas asignaturas y poca tolerancia al fracaso y al esfuerzo, cansados de años de sacrificio al que no han sacado mucho provecho. Todo ello a pesar de que la sintomatología nuclear del TDAH (desatención, hiperactividad e impulsividad) haya podido moderarse mucho fruto de la maduración neurológica. En Secundaria más que preocupar los síntomas nucleares, preocupan las secuelas de haber crecido con TDAH, es decir, el ajuste comportamental, social y emocional.

Entonces, ¿todos los alumnos con TDAH necesitan una intervención psicoeducativa además de las adaptaciones metodológicas que se han reconocido oficialmente?

En alguna medida, todos. Entre los niños que solo tienen TDAH, algunos pueden necesitar intervención más centrada en habilidades de aprendizaje, pero otros sufren y requieren medidas para aprender a ajustar su comportamiento, desarrollar estrategias asertivas e inhibir malas reacciones con los profesores cuando se frustran. En otros casos primarán las medidas para evitar que crezcan con el rechazo social y el riesgo de acoso escolar, enseñándoles estrategias de afrontamiento y mejorando las habilidades sociales que les permitan construir un grupo de relaciones que le sirvan de apoyo, desarrollo y referencia durante la adolescencia.

Pero no debemos olvidarnos de los niños que, además de TDAH tienen otro trastorno específico del aprendizaje (antes llamado discalculia, dislexia, disgrafía o disortografía). En torno al 30 por ciento de los niños con TDAH padece un trastorno de este tipo que debería haberse diagnosticado a partir de los 8 o 9 años y que hace mucho más urgente la intervención temprana. Lamentablemente, muchos de estos niños no son diagnosticados y algunos llegan a la ESO esclavizados por los deberes y los exámenes, con muchas horas de dedicación y compensados por sus padres –que les confeccionan los resúmenes, por ejemplo– sin que nadie les haya alertado de que la dificultades constituían ya  un trastorno o, lo que es peor, sin haber tenido tiempo para dedicar horas a lo que realmente interesaba: su propia rehabilitación.

¿En qué debe consistir la intervención psicoeducativa?

La intervención debe partir de la evaluación de cada niño, de su perfil comportamental, cognitivo, social, emocional y de aprendizajes. Los paquetes con sesiones de intervención para niños con TDAH estándar son orientativos: el tratamiento debe ser personalizado e individualizado. Un buen programa debe incluir: estimulación/reeducación de las habilidades afectadas; desarrollar estrategias de compensación de síntomas (tomar medidas de prevención, identificar errores, subsanarlos, etc.); trabajar sobre el autoconocimiento y la autoaceptación, primero como persona y, después, como persona que tiene TDAH; medidas para controlar las experiencias de fracaso para prevenir que surja baja tolerancia al esfuerzo y la frustración, el deterioro de la autoestima y llegar a situaciones de indefensión aprendida; desarrollar sus buenas potencialidades; conseguir un rendimiento académico suficiente/satisfactorio; orientación profesional; conseguir unas relaciones familiares seguras, estables y sanas; conseguir relaciones sociales satisfactorias; y medidas para detectar y tratar comorbilidades y prevenir trastornos futuros. Eso implica intervenir con los padres y con los profesores en coordinación conjunta.

¿Tanto cambian las exigencias de Primaria a Secundaria?

Sí, y el cambio concierne a múltiples aspectos: la extensión y dificultad de las materias, el tipo de profesorado, la menor formación en TDAH en Secundaria y la menor sensibilidad a la atención a la diversidad e, incluso, la inmadura entrada en la adolescencia de los chicos y chicas con TDAH. Debemos pensar que, en la ESO, la cantidad de profesores se incrementa, lo que suele conllevar un incremento a veces irracional de deberes. El profesorado ya no se compone de maestros, sino de especialistas: licenciados en matemáticas, física, biología, literatura… que no siempre imparten la materia en la que son especialistas, que no han cursado estudios de Psicología o Magisterio y a los que se les da una formación pedagógica escasa y poco práctica. A la mayoría de estos profesores les cuesta adaptarse a la docencia para adolescentes, tener en cuenta su momento evolutivo y les desconcierta especialmente la inmadurez de los alumnos con TDAH.

¿Los profesores en Secundaria consideran que el alumno puede valerse por sí mismo y están menos pendientes de él que en Primaria?

Frecuentemente, sí. Por dos motivos: por una parte porque es una realidad que los chicos y chicas de 12 a 15 años son más autónomos y maduros, y pueden responder a sus demandas; por otra parte porque nadie les explicó que los niños con TDAH no maduran a la misma velocidad para muchos aspectos que chocan con las exigencias escolares. Por eso, les cuesta entender que todavía necesiten seguir entrenándose en organización, planificación y autonomía en el trabajo, y les parece  inconcebible que no apunten los deberes, que reiteradamente olviden material o trabajos en casa. Necesitan formación para que, de entrada, no achaquen a pasotismo la falta de autonomía en el trabajo, los olvidos y la desorganización; ni a un comportamiento malintencionadamente desafiante conductas fruto  de la falta de inhibición y la poca tolerancia a la frustración que muchos de estos niños arrastran.

¿Cuál es el porqué de la asociación ESO-fracaso escolar?

Aunque no para todos, la ESO puede ser sinónimo del comienzo del fracaso escolar. El problema va más allá de que se les exijan contenidos más extensos y complejos. En la ESO, las habilidades básicas de aprendizaje no solo deben estar conseguidas (por ejemplo, saber escribir con letra clara y ágil, y  tener una lectura fluida), también deberían estar automatizadas. Y eso es algo que todavía les cuesta a muchos alumnos con TDAH y que hace que cometan errores en tareas de escritura y lectura complejas (redactar, responder a las preguntas de un examen o hacer un resumen). En esos casos, no tiene sentido utilizar estrategias sancionadoras en lugar de los programas de entrenamiento necesarios. Por ejemplo, se penalizan duramente las faltas de ortografía (bajando la nota de asignaturas que les ha costado mucho estudiar), bajo la creencia de que de este modo motivan a los niños a fijarse, sin pensar que activar las reglas ortografías aprendidas en la memoria de trabajo, a la vez que el chico intenta no distraerse, responder a preguntas o hacer una redacción con sentido y con la presión de terminarlo a tiempo, es complejo para un cerebro más inmaduro y de procesamiento más lento.

Y esas habilidades deben entrenarse en Primaria.

Cuanto antes, puesto que se conseguirán más éxitos y será más fácil que el niño incorpore las estrategias a su modo de trabajar. Por ejemplo, a partir de 3º de Primaria los chicos tienen que aprender a estudiar y es responsabilidad nuestra que los niños con TDAH aprendan a hacerlo organizada y reflexivamente. Si esperamos a 6º de Primaria, el niño ya habrá automatizado estrategias impulsivas y desorganizadas difíciles de revertir. Los niños con TDAH necesitan más práctica y contención familiar para adquirir rutinas de aprendizaje y estudio (autonomía); deben aprender a analizar los enunciados de los problemas matemáticos y de las preguntas de examen de forma efectiva sin saltarse información relevante (entrenamiento en comprensión lectora); deben ser capaces de realizar un análisis ordenado y secuenciado de la información para la solución de problemas (pensamiento reflexivo); ser capaces de recurrir a las estrategias que necesiten para representar visualmente los datos de un problema de matemáticas (estrategias de aprendizaje); buscar el modo de compensar los posibles errores por desatención (técnicas de autoevaluación y autocorrección); y resistir la tolerancia al esfuerzo  aprendiendo a no hundirse ante las primeras dificultades (automotivación), no dependiendo siempre de que un adulto esté a su lado animándole (autorrefuerzo).

¿El cambio de Primaria a Secundaria también afecta a las relaciones sociales?

Aunque no siempre negativamente, también se operan cambios importantes. Se produce un salto cualitativo: de ser los mayores del colegio, pasan a ser los menores del instituto o del edificio de Secundaria. En ese marco, los apocados pueden sentirse abrumados y los rebeldes  atraídos por los ‘más pintas’ de entre los mayores. Hay que tener en cuenta que entramos en la etapa adolescente, donde se acusan más las diferencias de madurez en general (conviven niñas y niños infantiles con adolescentes muy lanzados). En este aspecto, y por lo general, los niños con TDAH, aunque se disfracen de adolescentes, emocionalmente siguen pareciendo los hermanos pequeños de los más inmaduros del grupo.

La Secundaria  coincide con la adolescencia, ¿esto complica las cosas?

Un poco más. Los niños con TDAH son adolescentes tardíos. En un primer momento se disfrazan de adolescentes (imitan a sus amigos, se visten, se peinan y reclaman su derecho a ser más autónomos de lo que se les permite), pero todavía son muy dependientes de los adultos que les importan. Esta inmadurez y dependencia emocional tiene sus aspectos positivos y negativos. Positivos, porque siguen siendo más dependientes de la aprobación de los profesores y padres, por lo que es más fácil reconducirlos hablando con ellos en privado, son más sensibles y responden mejor al refuerzo y aprobación social. La parte negativa es que se dejan llevar más fácilmente por los compañeros y se pueden meter en líos con menor discreción que los demás y acabar sancionados. 

¿Cómo afectan todos estos cambios a las familias?

Para la mayoría es como entrar en terreno desconocido y para algunos es como bailar en arenas movedizas. El colegio se hace menos trasparente, menos accesible que antes, cuando tenían un tutor como punto de referencia y era más fácil hablar con otros profesores. En muchos casos tienen más dificultades para tener la información que necesitan para apoyar a sus hijos: qué entra en los exámenes, qué tipo de exámenes hay, cuándo son, qué trabajos hay que entregar… Es menos frecuente que puedan ver los exámenes de sus hijos para analizar con ellos los errores y sus demandas son más veces interpretadas como demandas absurdas de padres sobreprotectores que son los causantes directos de tener un hijo “vago, majadero e inmaduro”.

A eso, en muchas ocasiones, no ayuda el cambio que experimentan sus hijos en el sentido de que esa adolescencia tardía puede traer consigo una incipiente picardía que no habían mostrado antes. Así, los hijos e hijas antes dóciles y colaboradores, comienzan a hacer sus pinitos y a mentir sobre lo que entra en un examen, callarse las fechas u ocultar un suspenso. Eso desconcierta a los padres y hace que los profesores se mantengan en su percepción de que al niño no le pasa nada, que tiene cuento, es vago y, además, está sobreprotegido. Es fácil que las entrevistas en el colegio se conviertan en un diálogo de sordos: los padres intentando convencer al profesor de que el niño tiene un problema y el profesor tratando de abrir los ojos a los padres para convencerles de que al niño no le da la gana colaborar. Y ambos tienen razón: al chico le cuesta y al chico no le da la gana.

¿Cuál debería ser la actitud correcta de un maestro de Secundaria ante un alumno con TDAH?

En primer lugar, tener una actitud abierta. No dejarse llevar por los estereotipos y las falsas verdades que hay por internet. Que acuda al departamento de orientación o a las asociaciones de padres de niños con TDAH para que les recomienden lecturas con base científica y para que se familiarice con las medidas que dice su comunidad autónoma que hay tomar. En segundo lugar, recabar toda la información que pueda sobre su alumno, entrevistarse con los padres y tratar de entender cómo es, la trayectoria que ha seguido y cómo le ven sus padres en cuanto a conducta, capacidad, autonomía en el estudio, aprendizajes en casa asignatura, relaciones sociales y estado emocional. Después, es necesario abrir un canal fluido de comunicación entre padres y tutor para intercambiar necesidades: qué le pedirían los padres al profesor para sentirse apoyados y ser más efectivos en lo que hacen, y viceversa.

Una vez que conozca al alumno, tendrá que ir valorando qué adaptaciones reales puede necesitar en el marco de su asignatura. Los profesores tienen muchos recursos, pero es necesario que entiendan que para funciones asociadas al lóbulo prefrontal (atención, planificación, organización, inhibición emocional, reactividad emocional…) los chicos de su clase con TDAH funcionarán como alumnos muy inteligentes pero como niños dos o tres años más pequeños. Si comprenden esto, sabrán por dónde empezar. Y por último, no deben olvidar que no están solos, que la comunicación con los terapeutas, el médico, los padres y el orientador les permitirán resolver las dudas que puedan tener y sentirse apoyados.
 

 

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