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Edición nº27 | Jueves, 26 de marzo de 2015  |  Hemeroteca
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EN EL COLEGIO
LAS FAMILIAS DE ESCOLARES CON TDAH DEMANDAN MÁS FORMACIÓN DEL PROFESORADO
El sistema educativo tradicional no favorece la atención a la diversidad
Las medidas que se pueden adoptar para los alumnos con este trastorno favorecen también el funcionamiento del resto de la clase

Redacción. Madrid
Una de las principales preocupaciones para las familias de niños y adolescentes afectados por TDAH es la vida escolar de sus hijos. Por las características del trastorno, estos alumnos pueden mostrar bajo rendimiento académico –aunque su inteligencia no está afectada–, problemas de conducta en el aula que entorpecen la dinámica habitual, exclusión por parte de los compañeros, etc. La Asociación de Alicante para el Déficit de Atención con o sin Hiperactividad (Aadah) ha reunido a varios profesionales para poner sobre la mesa los retos de la atención a escolares con TDAH e intentar proponer soluciones con los medios actuales.

Los padres y madres demandan desde hace tiempo a los centros escolares una atención específica en el colegio que en algunos casos no llega. En varias ocasiones, se ha solicitado a la Consejería de Educación un protocolo de detección y atención al alumnado con TDAH”, detalla Victoria Sala, presidenta de Aadah. Este protocolo existe en nueve comunidades autónomas y, aunque “no sería la panacea para resolver los retos a los que se enfrentan los niños y niñas con TDAH”, las familias opinan que constituiría un marco de referencia para los centros educativos y docentes a la hora de atender a estos alumnos.

“Un sistema educativo basado en la transmisión de información –en lugar del aprendizaje colaborativo que propicie el desarrollo de las competencias–, la ratio de 30 escolares por aula y la insuficiencia de medios humanos y materiales junto con la falta de formación específica de los maestros y profesores, hacen a los centros y a los docentes muy difícil la tarea de atender a la diversidad. Está garantizada sobre el papel, pero en la práctica escolar no se lleva a cabo en todos los casos, o se realiza de forma parcial o sin constancia y, en ocasiones, gracias a la buena voluntad, actitud y formación de un docente concreto”, comenta Sala.

Las familias demandan más comunicación entre los agentes implicados: centro, orientadores, tutores, profesores especialistas, psiquiatras y psicólogos que tratan al niño o adolescente fuera de las aulas. “Muchas veces existe un gran desconocimiento por parte de los padres de las posibilidades que el sistema educativo ofrece, como por ejemplo, en qué consisten las adaptaciones curriculares individuales no significativas, que pueden ayudar a la mayoría de los niños con TDAH”, señala la presidenta de Aadah.

Asimismo, es patente la necesidad general de formación de los docentes en la gestión del aula cuando hay alumnos con necesidades educativas específicas. Sala explica que “las medidas típicas para los niños inatentos incluyen sentar al niño cerca del docente, convenir con él gestos para reconducir su atención, utilizar los pictogramas para las normas del aula o la gestión del tiempo, adaptar los exámenes espaciando las preguntas en más páginas, considerar la posibilidad de evitar las tareas repetitivas como la copia de enunciados en el cuaderno, etc. Algunos docentes no ven la necesidad de estas medidas que, en la mayoría de los casos, ayudan bastante a los niños con TDAH y también son beneficiosas para el resto de alumnos”.

Victoria Sala comenta que, en el mejor de los casos, el centro educativo reconoce y conoce las características del niño, realiza su evaluación a través de los equipos de orientación y propone medidas de adaptación curricular –habitualmente no significativa– dando orientaciones a tutores y docentes. “Si se llevan a la práctica correctamente, el niño puede mejorar su rendimiento académico y su conducta, y la comunicación con familia y otros agentes externos como psiquiatras o terapeutas es fluida y regular”. Sin embargo, en el otro extremo hay “centros que no reconocen las necesidades educativas específicas del niño, docentes que no comprenden que su conducta sea debida a un trastorno y achacan los problemas a un mal estilo educativo de los padres, a que el niño es vago o malo, lo cual puede significar una desatención importante y una estigmatización del niño o adolescente a través de partes continuos por mala conducta, por ejemplo”. No obstante, la presidenta de Aadah señala que la mayoría de los escolares se encuentran entre ambos extremos.

“Tanto familias como docentes tenemos que estar unidos en esta difícil tarea. La comunicación y la formación deben ser nuestros mayores aliados, y debemos continuar trabajando para procurar que todos los alumnos con TDAH y, por extensión, cualquier otro alumno con necesidades educativas específicas encuentren en la escuela ese espacio para construir relaciones personales, aprender, crecer y soñar”, concluye Sala.

 

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